Ejemplar n.º 43 · Rubén Darío
«Cuando quiero llorar, no lloro, / y a veces lloro sin querer.»
Es la segunda mitad del estribillo de la canción, y vuelve una y otra vez, como vuelven ciertos recuerdos. Darío confiesa que las lágrimas no le obedecen: faltan cuando las busca y aparecen cuando nadie las espera. El llanto rara vez llega en el entierro; llega semanas después, en una tienda, por una canción o por un olor en la escalera. Siempre he pensado que la tristeza, cuando no es desesperación, tiene una elegancia propia, una manera discreta de estar. Darío no intenta corregirla.
Hay cosas que no se gobiernan; se acompañan.