Ejemplar n.º 36 · Terencio
«Soy hombre: nada humano considero ajeno a mí.»
La dice Cremes, un vecino entrometido, cuando el viejo Menedemo le pregunta si le sobra tanto tiempo como para ocuparse de lo que no le importa. En origen es, por tanto, la excusa de un curioso. Terencio, que según la tradición había llegado a Roma desde Cartago como esclavo, la convirtió sin pretenderlo en una de las declaraciones más nobles de la Antigüedad. Ese origen modesto tiene su encanto: recuerda que la solidaridad empieza muchas veces por algo tan poco heroico como interesarse por el vecino.